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Para entender una Dispensación y el tiempo que vivimos –

La Vista desde las Alturas

Para comprender el Tiempo que vivimos, y aquel que se nos avisa, debemos esforzarnos por lograr Visión Espiritual; y no hablamos de comprensión teórica de la Biblia u otro libro, o de sesudos análisis de la palabra escrita; tampoco entendemos por Visión Espiritual sostener una posición de pertenencia eclesiástica y menos la costumbre de repetir mecánicamente aquello que subyace en lo cuadrado de la mente artificial. Nos referimos a ese Camino Espiritual que todo Hombre de Fe puede y debe realizar para llegar a la Altura de Dios, que le permita tener Visión Macro, desde donde la realidad Micro suele ser Objetiva y nítida.

Sumariamente digamos que sabiendo ya que el Tiempo no existe, y que aquello que sentimos como ‘el Tiempo’ es un efecto de factores de la Materia en relación con un Campo de Energía, y que los métodos de medición de este Tiempo no son Objetivos y únicos, y sí relativos, y es distinto el calendario Judío, el Budista, el Mahometano y el que desde hace no más de 600 años usamos bajo la cultura cristiana.

La visión Macro nos entrega ciclos dispares que no se relacionan con ritmos circulares de años. Sino más bien son condiciones espirituales, primero, y cósmicas, luego, aquellos factores que definen los caracteres de las franjas de Tiempo para el Hombre y nuestro planeta.

Desde la Visión Espiritual el Hombre ‘entra’ en la franja del Tiempo, y no es el Tiempo un factor que el Hombre maneje: aquello que los Hombres han intentado es aferrar, amarrar, organizar el concepto de Tiempo para identificarse a sí mismo y organizar la sociedad. Bajo esta perspectiva, mal podemos seguir espantándonos a nosotros mismos con el calendario maya y el fatal reloj en la mano, y como Seres Espirituales antes que Carnales podemos acceder a plataformas más altas que nos permitan una Visión de Realidad mucho más de acorde con la Voluntad y Plan de Dios.

¿Cuándo el Hombre inicia su presencia en esta Tierra? Y debemos tocar este tema para mejor comprender lo del Tiempo. Según la ya alicaída teoría evolutiva debiéramos seguir el itinerario del mundo unicelular pasando por los peces y lagartos para llegar al mono y de ahí terminar en los varios tipos de humanoides, hasta este Hombre Sapiens que hoy somos. Pero la Visión Espiritual nos muestra una realidad más compleja y por cierto no deja eslabones perdidos en el camino: hubo un tipo de criatura urdida por Seres oscuros que habitaron este mundo mucho antes del Hombre Adámico. El Hombre Adámico nace y se forma fuera de este Mundo, pero también más allá de esta franja de Tiempo. El Descenso del Hombre Adámico abrió franjas de Tiempo (edén) distintas al Tiempo existente en este Mundo, y desde esta ‘intervención’ de los Elohim contamos el Tiempo y a los Hombres bajo un criterio llamado ‘Generaciones’.

Sabemos que hubo una división entre los Hombres Adámicos, Caín y Abel, y que es la Generación Cainita la predominante en el Mundo, y al hablar de ‘Mundo’ decimos ’Mundo Cainita’, que lo es hasta hoy. La Estirpe de Abel, o ‘Generación Santa’, no se extingue, sino que corre y vive por -y en- un Tiempo Paralelo al que percibimos.

La Generación de la Caída podría medirse por un tiempo histórico, que podemos percibir y determinar según nuestra visión de la realidad Micro, que sumaría, en total, 26 mil años antes de Cristo, de los cuales 12 mil años correspondería al ciclo desde Los Inicios hasta la separación de las Estirpes (Caín y Abel), y 14 mil años, dividido en siete mil antes del Diluvio y siete mil después del gran acontecimiento de Aguas; es decir: hubo un cúmulo de años, de 12 mil años, en que los Hechos del Génesis acontecen, y debido a las Trasgresiones que conducen a la unión de varones adámicos con mujeres de este mundo (nacimiento del humano cainita) se produce una diferencia irreconciliable con los Adanes que también se unieron y procrearon, pero entre mujeres adámicas (Evas) y varones adámicos (nacimiento del humano Abelita). Las Dos Estirpes, Caín y Abel, entran en ciclos de decadencia y esto conduce al exterminio de los Abelitas en manos de los violentes Cainitas. Esos 12 mil años llegan a su término con esta separación: Caín es designado por los Elohim para crecer y abundar en este Mundo, y la generación santa de Abel es resguardada como Estirpe de Sabios y Profetas (Set, Enoc, Noé). Los siete mil años antes del Diluvio hubo un desarrollo inusitado y malévolo de la Estirpe Cainita, ahora aliada a fuerzas oscuras del cosmos y bajo dioses del inframundo. Luego del Gran Diluvio, siete mil antes de Cristo, se produce un equilibrio entre las dos Estirpes: grandes civilizaciones fueron alzadas por la Estirpe de Abel, mientras que potentes reinados son impuesto por la guerra y los ejércitos de parte de la estirpe Cainita. A estos 26 mil años globales se llama Generación de la Caída, y en ésta podemos distinguir dos períodos gruesos con situaciones distintas y desarrollos propios: uno de 12 mil años, y otro posterior de 14 mil años. Esto como dato duro, pues en los detalles hay una división de tiempo en los 12 mil años primitivos: seis mil desde los Inicios hasta la Trasgresión, seis mil desde las Trasgresión a la separación de las estirpes; y otra separación de siete mil antes del Diluvio o otros siete mil luego de este evento.

Ahora, Dios establece, según su Plan, una Ley de Vida que define el desarrollo libre de sus Criaturas Inteligentes. La Ley de Vida del Dios Creador sustancialmente no varía, en esencia, pero ésta se va adecuando a los desarrollos y alteraciones que los Seres en su Libertad van provocando, para bien o para mal. La Ley Original es pura y sin variantes, debido a que los seres eran puros y sin intenciones. Ahora, identifiquemos esa primera realidad en el concepto de Tiempo que conocemos: en los seis mil primeros años los seres Adámicos puestos en este planeta vivieron en forma pura una Dispensación de Dios que no sufrió alteraciones. La Trasgresión de esta pureza de la Ley de Dios produce un cambio, en donde la Ley Original debió adaptarse misericordiosamente a los hechos que los Adanes habían interpretado en su prueba de libertad y opción. Por lo mismo, esta Dispensación de la Ley de Vida no era igual a la Dispensación primera, aunque en su vitalidad y esencia es la misma. La separación de las estirpes establece una excepción: una Dispensación para la estirpe Cainita, y una Dispensación para la estirpe de Abel. El Diluvio corta con un peligroso desequilibrio, y esta intervención de Dios establece una nueva Dispensación, es decir, la misma Ley de Vida del Creador bajo nuevas condiciones.

Cada Tiempo posee una Dispensación. Una Dispensación es una adaptación de la Ley de Dios que solamente el Reino de Dios puede ejecutar y declarar. Para decirlo de otro modo: las Dispensaciones son la flexibilidad de Dios ante los cambios que los Hombres van provocando. Si la Ley de Dios se mantuviera rígida y estática, el Hombre habría sido condenado no apenas violó la primera coma de su Tratado.

Entonces: una Generación encierra varios y variados ciclos de Tiempo, y bajo cada Tiempo la Ley de Dios Dispensa formas y contenidos que postulan a la Salvación del Hombre.

Los últimos siete mil años, después del Diluvio, son conocidos como el Tiempo previo al Cristo, y ya en dichos años se comenzó a preparar el Gran Hecho. Todo esto no sucede solamente en tierras palestinas y tiene como centro al pueblo de Israel. La Visión Macro nos entrega una realidad más global, y nos revela que lo mismo que cuenta La Biblia sucedió en otros tres puntos del globo: cuatro puntos de desarrollo similares contuvieron estos ciclos antes desglosados. Por lo mismo, el Acontecimiento de la ‘Encarnación de Dios en un hombre’ fue aviso transversal que toda la Estirpe de Abel esperaba con esperanza, y que la estirpe de Caín temía con espanto.

La Encarnación del Verbo del Padre Dios, el Cristo, el Dios de los Hombres y de los Ángeles, el Elohim Mayor, ha sido un Hecho trascendente de envergadura mayúscula jamás acontecido, y sólo comparado con el advenimiento de los Adanes sobre este mundo. La Encarnación del Dios de los Hombres, en Jesús, causa un quiebre sustancial en el Tiempo. Es la intervención más evidente de Dios en el desarrollo del Hombre en este mundo. Cristo en Jesús es por sí mismo la Dispensación en Persona: la Ley de Dios actuando entre los Hombres.

Los 33 años de Cristo en Jesús no son computables: es lo Atemporal manifestándose en Lo Temporal. Los Tres Días en que el Cristo Dios realiza el Gran Cambio, a saber: arrebata el poder de la muerte de manos infernales; caduca la Ley del eterno retorno y abre la Ley de Resurrección; despierta y alza al Reino de Dios a los Santos de la Generación de Abel; abre las puertas del Reino de los Cielos (plan de inmortalidad); cierra la Ley de los Abismos y decreta Su Autoridad sobre toda ley de inmortalidad, muerte y vida; desecha el centro de energía que sostenía a este planeta y lo hacía parte de los Mundos Oscuros y Rebeldes, insertando sus coordenadas de energía que permiten la relación de este mundo con los Mundos Obedientes al Plan del Creador (gran temblor); y retoma un tipo de Cuerpo carnal (resucitación) para ejecutar los Cuarenta Días de Restauración. Estos Hechos acaecidos en los Tres Días (muerte de Jesús) instaura un nuevo Templo para el Hombre: SU ESPIRITU. Los Cuarenta días en que el Cristo anduvo entre Los Suyos, incluyendo sus ‘otras ovejas’, ‘el ‘otro redil’, pertenecen enteramente a la Estirpe de Abel y a los Santos y Sabios repartidos por todo el Orbe, especialmente en el Sur, en lo que hoy es el continente de América. Estos Cuarenta días, más los 33 años del Cristo en la Tierra, y los tres Días de Victoria y Cambio no son posibles de contar como Tiempo tangible pues estando el Dios sin Tiempo y eterno entre los Hombres se produce un Salto de Calidad que rompe con todo ciclo regular de temporalidad. Bajo esta idea debemos entender aquello que Cristo advierte sobre el descenso del Espíritu Santo: ‘mientras yo esté entre vosotros el Espíritu Santo no podrá descender, debo ir a la Diestra de Mi Padre, y vendrá el Espíritu que les enseñará todo’. En otras palabras: para que el Tiempo del Hombre comenzara a correr, y una nueva Generación pudiera iniciar su prueba, Él, siendo Dios, debía salir de esta franja de Tiempo, pero el Espíritu en el Hombre, ahora liberado, estaría en grado de recibir al Magisterio de Dios: el Espíritu Santo.

Los Hechos de Pentecostés sucedieron en todo el planeta entre los Hijos de Dios; fue la marca de Fuego (el Espíritu) que selló el inicio de la Generación del Meridiano de los Tiempos. Nuestro Tiempo tiene su comienzo con esta bendición. La Dispensación del Espíritu Santo se equipara a la pureza y poder de la Ley de Dios en los orígenes de Adán en este Tierra.

Cristo advierte con los dos Hechos de los Panes que según las espuertas sobrantes de su nutrición, en total 19 cestas de alimento, habría igual cantidad de Tiempo en el cual el Hombre deberá comer de su inicial presencia y herencia, teniendo como única puerta de ingreso a lo alto de Dios a Su Espíritu y la Sabiduría del Espíritu Santo. La Salvación reside en que la mácula y cárcel del ‘pecado original’ queda obsoleta y no tiene vigencia en el nacimiento del Hombre, y claro, la Generación de la Caída había sido superada y bajo otra Generación nos hallamos desde Cristo; y desde los Hechos de Cristo el Hombre dispone de un Espíritu sin las restricciones del Alma Oscura que en tiempos anteriores comandaba y tiranizaba; y que no existiendo la muerte en manos infernales, esta ya no es una rueda de permanentes deudas y retornos, y ahora cada uno deberá recoger los frutos de su siembra. Esta esencia salvadora es diametralmente contraria a la vieja Ley de Vida que fue revolucionada en los Tres Días por el Cristo Victorioso. Sin embargo ni el Mal, ni las influencias tenebrosas fueron expulsadas del todo, pero con estos Hechos de Salvación el Hombre queda en grado de cumplir el objetivo Adámico: en libertad hacerse a sí mismo el tipo de dios que el Padre ha designado en los Orígenes. No la Carne, no lo del Mundo, no lo del Alma sin Espíritu, no el conocimiento sin Sabiduría es aquello que conduce al Hombre ante su calidad más pura… sino el Espíritu, este Espíritu bajo la Conducción Viva del Cristo Gobernante, con el propósito de alcanzar la Voluntad del Padre. He ahí la clave de divinidad en el Hombre. Y sin Sabiduría no hay sino falsas luces y peligro de extravío.

Justamente ese es el punto de quiebre: habida la Liberación, bajo la Dispensación del Espíritu, la esencia Cainita retoma su ofensiva y distorsiona la vía que Cristo abrió: en el nombre de Jesús se vació al Cristo Dios, y bajo la religión cristiana-institucional se apagó al Espíritu en el Hombre y se le llenó de espantos y supersticiones, ignorancia y omisiones; se encarceló al Espíritu Santo y se impuso el magisterio de los ilustres de este Mundo. La Apostasía ha cabalgado por los 19 tiempos que Cristo predijo al pedir a los suyos que contaran lo sobrante de los dos Hechos de los Panes y peces… ‘no ven que yo no les hablo de panes’.

El actual calendario del papa Gregorio determina que el año uno, para medir el tiempo actual, se ancla al único conteo estadístico disponible: el último censo romano, cuando Jesús tenía tres años, y al ser declarado como calendario oficial (calendario juliano) Jesús tenía seis años. Pero bajo Visión Espiritual la Fuente de Sabiduría nos cuenta de otra manera: esta Generación se inicia con el Sello de Fuego y la Primera Dispensación del Reino en este Nuevo Tiempo de Salvación. Eso quiere decir que el año Uno correspondería a 27 años y 40 días más delante de lo que se cuenta actualmente, pues si Jesús tenía 6 años cuando se inicia la medición del tiempo que luego ha servido como ancla para el conteo actual, y fueron 33 años en total, y cuarenta días posteriores… tenemos 27 años y 40 días más tarde de lo que hoy calculamos. El ‘temido año 2000’ advendría entonces en nuestro 2027, y más precisamente a los cuarenta días del 2028. Eso bota por el suelo la teoría de los especuladores del ‘síndrome maya’, porque el 2012 fatal que tanto espanta a algunos, recién llegaría el 2040.

Ahora, los 19 tiempos avisados en base a las cuentas de los Panes, según este calendario actual, se habría cerrado entre 1830 y 1844. Si vamos a la Fuente Macro este período habría concluido entre 1857 y 1871. Como sea, dicha Dispensación se habría cerrado.

La Dispensación de Restauración del Sacerdocio se circunscribe casi exclusivamente a un hecho que para la mayoría pasa desapercibido, pero que tiene una influencia gravitante: la Restauración de las Claves Adámicas Originales y de la Estirpe de Abel ahora exequibles a los Hombres Dignos, y ya no más como un hecho paralelo y Macro alejado de lo concreto y asible de los Hombres en este Tiempo. Se puede decir que esta Dispensación, como todas en este Tiempo, no puede tener las características de Dispensaciones antiguas, pues Cristo Dios ya vino y cualquier Dispensación después de ese Hecho Definitorio solamente podrá Restaurar Poderes alejados de las manos del Hombre, y ahora vueltos a descender. Tomemos como referencia el Hecho de Pentecostés: pocas personas, reunidas en secreto, reciben la apertura divina de una forma renovada de la Ley de Dios. Esto mismo sucedió en otros tres recintos escondidos en otros lares del planeta, y si no lo supiéramos hoy, como lo sabemos por el Testimonio en los Evangelios, no cambiaría nada en absoluto, pues desde Cristo las Dispensaciones están ceñidas al Plan de Salvación y hacen parte del avance espiritual que debe colocar al Hombre ante los umbrales de la Segunda Venida del Cristo Dios, y el Salto hacia la franja de Tiempo más cercana al Reino que nunca antes los Hombres experimentaron: el Milenio de Paz. Y no cambiaría nada saberlo o no porque bajo el Plan de Salvación, habiendo ya Venido el Cristo en el hombre, toda Dispensación será Espiritual y jamás mundana, o regla o ley tangible para el desarrollo de estirpes o civilizaciones, como fue bajo la Ley Antigua.

La Dispensación de Restauración del sacerdocio acaeció, también fuera de los ojos del mundo, en el norte de América. Ya bajo esta intervención del Reino, entre 1830 y 1844 del tiempo según lo computamos actualmente; se declara el Plan de Encuentro Espiritual entre los núcleos Adámicos antiguos.

Si los 19 tiempos desde el Sello de Fuego hasta la Dispensación de Restauración del sacerdocio se vieron mermados por el oscurantismos, la apostasía y la total y absoluta negación del Cristo Dios, a pesar de que el Espíritu en el Hombre se hallaba actuante y bien dispuesto, y que el Espíritu Santo descendía generoso por medio -y en- la Fe de los creyentes, mal podríamos decir que no entendemos cómo de una Dispensación tan altamente espiritual, como la Restauración de los poderes del sacerdocio, se derive en una nueva peregrinación sobre la ‘tierra prometida’ y haya culminado en otra iglesia, y por muchos aspectos en lo peor de las religiones. La esencia espiritual de la Dispensación cuyo receptor fue el joven José Smith, en los Estado Unidos, cayó al poco andar bajo el mismo yugo que sepultó a la primera: la práctica Cainita de ejercer el Poder y de concebir las cosas de Dios. Sin embargo, es deber de los Hombres Dignos rescatar lo sagrado de la Ley de Dios y sus Dispensaciones y separarlo de las atrocidades cometidas por los Cainitas y las inducciones infernales.

Esta Dispensación de las Vísperas del Advenimiento del Milenio de Paz desciende con toda la Poderosa Presencia del Cristo Vivo para continuar el Plan de Salvación y profundizar los Poderes del Sacerdocio, abriendo instancias celestiales y cósmicas necesarias para los hechos que se avisan y que ya están en cierne. Dios no espera a los Hombres. Los Hombres debemos subir hasta Dios para poner por Obra Su designio.

21 de Diciembre de 1991 fue la fecha específica del Sello de Inicio de esta Dispensación. Sin embargo hubo muchos hechos preparatorios desde 1984. Y hubo un Sello de autoridad y declaración de La Ley de Los Santos en Octubre de 1996; y una profundización definitoria en Julio de 1997: la revelación de la Ley de JesúsCristo. Se avisa que esta Dispensación tendrá una duración y plena vigencia de 140 años. También ha sido declarado por Voz Viva del Cristo Gobernante que a los 21 años de esta fecha de Inicio (21/12/1991) habrá una apertura abismal a los pies del Hemisferio Norte y se iniciarán 64 años de tribulación y de grandes pruebas de Sabiduría para los Hombres. Y muchas otras Revelaciones y cientos de misterios se han manifestado en esta Dispensación. Pero lo fundamental está en que Cristo nos llama a convertirnos en Agentes del Reino, Agentes Ministrantes, altos dignatarios bajo el Sello de Pertenencia del Padre para colocarse, el Gran día del Llamado, a la cabeza de los núcleos de Hombres Dignos que deberán entrar en el Salto del Milenio de Paz.

Hemos ingresado al Tiempo de Tribulación o Vísperas del Advenimiento del Milenio de Paz. La Segunda Venida del Cristo Dios no será en carne y huesos, sino en la Plenitud de su Poder Divino. Por lo mismo, para estar reunido en torno a Su Llamado no requerimos pertenencias eclesiásticas ni apegos institucionales, sino Pertenencia sellada a Cristo, Espíritu activo y actuante, Sabiduría del Espíritu Santo guiando nuestra formación y poder sacerdotal, y meta Superior de alcanzar la Voluntad del Padre para colocarnos a Su Plena disposición.

Todo creyente que esté en grado de renunciar a su dios, y quiera alcanzar al Dios Vivo… tiene aquí un Camino para recorrer. A nadie que Cristo acepte se negará la bendición, mas sabiendo que no todos pueden con esta fortaleza es deber de Orden ir por grados en la entrega de las herramientas, y es imprescindible que la Persona acepte con Honestidad cada empeño espiritual. Se debe Nacer de Nuevo, y se debe vencer al muerto que subyace en nuestro peso, de otra manera nunca seremos seres libres y fuertes. Pero de sobre manera: debemos amar a Dios como Dios nos Ama. Sin Amor a Cristo cuan Dios Vivo y Victorioso no hay siembra en tierra fértil.

Ahora, amiga y amigo que lee, aquiete su corazón y Ore en Espíritu al Padre, y hágalo en Nombre de JesúsCristo, y pida Espíritu Santo sobre su persona, y tome la Biblia entre sus manos y solicite tres veces que la Palabra entregue a Ud. testimonio de cuanto aquí declarado, y de que esta Dispensación es el Reino Vivo que ha descendido entre los Hombres… y no es cosa de los Hombres, al modo del Mundo, para fines mundanos.

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