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Corporación y Santa Administración –

Un viejo asunto entre lo humano y lo espiritual parece girar en ciclos, toda vez que la civilización humana alcanza su cenit de posible desarrollo y entra inevitable en su apogeo de cambios. ¿Para qué sirve la fe en Dios si esto no resolverá los nudos que atascan la vida del individuo en este mundo? Hubo una prehistoria en que la religión era la cabeza causal y originaria de todo poder y asociación humana. Luego entramos en el concubinato prolongado entre el poder político y la religión. Y ya entonces el Hombre demandaba salidas al cuello de botella que significaba sostener la existencia de Dios y deber aterrizar la fe a las cuestiones concretas y necesarias. La imposición que funcionó por siglos se sustentaba en que Dios reinaba en los cielos, y el rey en la tierra… y era éste un igual e idéntico entre los Hombres.

Cristo y los Hechos de los Tres Días, además de sus enseñanzas, pero sobre todo la revolución que significó que el Hombre restaurara el gobierno personal del Espíritu en Sí Mismo, y que por medio de este Misterio recibiera inspiración, conocimiento y visiones de un Magisterio Divino, llamado Espíritu Santo, y Madre Sabiduría por los cristianos primitivos, provocó, todo esto, una crisis en el mundo principal de entonces, según la columna Judea-greco-romana; pues de alguna forma ‘independizaba’ la relación entre la persona y Dios, y tal fenómeno rompía privilegios de castas y revolucionaba la relación entre los reyes y sus súbditos. Cuando el Buda en Nepal declara que todo mortal puede ser Buda, quiebra el sistema de castas brahmán, y con eso desestabiliza todo el reinado de India. Esta vez, con el Hecho de Cristo, el golpe cultural y político es al corazón de la civilización naciente, la occidental, pues además de debilitar los puentes exclusivos que impedían al Hombre de a píe aliarse con Dios, coloca asuntos trascendentes en manos comunes: vencer a la muerte, postulados de vida eterna, virtudes de amor y justicia en la vida en este mundo… Un Reino espiritual que prescindía de tutelajes y patrones humanos, que sobre pasaba la idea de la debilidad del Hombre cuya dependencia de la carne ante una muerte sin regreso ni futuro simplemente convertía al Ser Humano en un esclavo; ahora, morir no era un fin, y morir hallándose en relación de Fe con Dios era sublimar la vida. La Comunidad era el núcleo alternativo al sistema social esclavista existente entonces. La entrega de todo haber para luego repartirlo productivamente en labor y sustento común era el modo de amarse los unos a los otros que hacía congruente la relación espiritual con Dios.

Primero fue el intento de exterminio, pero la realidad mostró que no se puede aplastar como a un ejército bárbaro alzado en armas a conglomerados humanos desarmados, no beligerantes pero con una Fe inconmensurable. Y en el doblez de la pliega histórica vino la crisis: el antiguo sistema religioso ya no sostenía a los viejos reinados y sus formas; mientras que entre la naciente cristiandad se debatían dos almas: la primitiva y espiritual…, y la estructural y formal. Es entonces que un rey en crisis y una alicaída jerarquía sin mando ni poder estructural se unen según sus necesidades: un Dios, un Rey, un Libro… un Estado, una Religión. Nace el cristianismo religioso. Las Comunidades primitivas fueron barridas bajo el cargo satanizado de herejía.

La mentira es la base de toda ‘historia oficial’. Hoy se reza con insistencia que Jesús ordenó una iglesia, que ésta nació con Pedro, y que la actual es la lógica continuación de los primeros. Falso. Una falacia que cualquier persona puede verificar en una ligera indagación del hilo de los hechos y del tiempo. Pero la mentira tiene en el uso del Poder un sentido político necesario e imprescindible. ‘Mentir, mentir… que algo va quedando’ era el axioma nazi. Y sigue siendo la fórmula de toda Corporación en el Mundo.

Una Corporación, bajo el neto concepto de mercado, es ‘un cuerpo orgánico’ que no produce para sí mismo, sino que para otros, y en tal efecto espera retribución y nutrición. Los primeros industriales veían al Hombre como un ‘elemento’ que debía generar alguna ganancia específica. Luego vino la idea de que la Persona debía hallar en su labor no solamente un sustento básico sino que además podía desarrollar sus talentos, y al hacerlo era un trabajador creativo, y era esto aquello que permitía ‘desarrollar el cuerpo’, la Corporación. Para que este Cuerpo no se diluyera en explosiones individuales, debía existir una ‘Administración’, es decir, aquella batuta que dirigía la capacidad de los diversos roles en esta orgánica.

Las iglesias nacidas de oscuras alianzas con el sistema secular, ocupando por siglos puestos gobernantes y de influencia económica, entran también en crisis cuando el sistema feudal y de los señoríos cae en desuso debido al impetuoso desarrollo de la industria. Por quince siglos el sistema religioso había cimentado su poder incontrarrestable sobre el Hombre apropiándose de Dios, conformando elites sacerdotales y co-gobernando con reyes, tiranos y generales. Con el desarrollo de la industria primero, y esencialmente con el salto de calidad en los conceptos del trabajo y del tipo de asociaciones, quedan obsoletos los partidos aristocráticos, y nacen nuevas realidades sociales que no pueden dejar a la iglesia cristiana en el mismo lugar… porque hace parte de la superestructura política. En efecto, luego de la segunda guerra, y ya de manera franca en los años 60, asistimos a una revolución de desarrollo de amplio espectro: todo el sistema industrial debe ahora pensarse a sí mismo como un Ente Social y ya no como fondo de ganancias, y el trabajador medio amplia su presencia con nuevos roles en la Administración. Allí donde el sistema mantenía a la persona como un elemento desechable, iba quedando obsoleto ante la idea Corporativa en donde la persona cumplía con profesionalismo un rol sobre el cual tenía cierta libertad creativa o posibilidad de desarrollo. El ´movimiento obrero’ y sobre todo los partidos comunistas se alimentan esencialmente de la contradicción generada en la industria al viejo estilo, que incluso en minoría muchas se resistían a adoptar formas modernas de producción y aplicación diversa en el concepto del trabajo. El fascismo, el nazismo, el populismo, el comunismo predominaron sobre este tránsito incierto y testarudo, ninguno de estos fenómenos era un respiro de progreso, sino que todos fueron un exhalado de desesperación y un arrebato de inmadurez general en una determinada época del mundo. Y la iglesia, bajo sus denominaciones diversas, bailó al mismo ritmo, usó los mismos trajes, aprovechó la misma ocasión.

Los economistas de los años 80 tenían líneas divisorias que se unían en un concepto relevante: La Corporación. Fundamental era entonces el rol de La Administración. Nace el nuevo tipo de gerente, se avanza hacía la idea del líder en lugar del jefe. En la medida que este Cuerpo funcionaba hacia afuera, entonces recibía suficiente alimento hacia sus arcas, y eso garantizaba seguridad y capacitación humana y profesional a los colaboradores. Ahora, el creyente llega ante su iglesia con mentalidad de cliente, y espera un buen producto a cambio. Y el participante no cree en intangibles de la fe, sino en soluciones concretas. Se apresuran los sínodos, nacen las divisiones, crecen teologías, se dividen las iglesias, se introducen nuevos credos: la religión no está respondiendo a la necesidad del Hombre. Porque nunca, desde aquel fatídico día de la sumisión de los jerarcas cristianos al inestable y extraño Constantino, y jamás en el tiempo posterior, la religión fue adelante de los hechos, ni fue instrumento de Fe independiente de los avatares del Mundo, y menos tuvo respuestas para los cambios y virajes de la historia… porque era parte del Mundo y de la gestión del poder secular. Pues bien, ahora, cuando definitivamente la mentalidad ha cambiado debido al rol del trabajo y el concepto corporativo y asociativo que proviene de lo mundano, nuevamente la religión no tiene respuestas y corre a reparos, siempre detrás de los hechos… ¡cómo si Dios no existiera!

Plegándose a lo comprobado y victorioso del Mundo, la iglesia, en sus distintas nominaciones, alza su nuevo dogma: ‘La legitimidad institucional’. El catolicismo dice que la eucaristía es el momento de unidad institucional de la iglesia. El universo protestante adopta derechamente el concepto Corporativo: se impulsan las Corporaciones sin fines de lucro. Se instaura en todo el cristianismo la forma Corporativa de selección de sus miembros (por capacidad intelectual, por examen psicológico, por seminarios y estudios, por capacidad de administración); la manera Corporativa de funcionar; y las Corporaciones como elementos de captación de masas y de labor social que atraiga ‘clientes’… o membresía.

Las Corporaciones entran en una fase posterior de su desarrollo con la introducción de la tecnología computacional y las transacciones virtuales. Como nunca antes se produjo un quiebre secreto y bien disimulado entre ‘economía’ y ‘finanzas’. Las Corporaciones compenetraron el sistema de Finanzas por encima y por debajo de toda ley económica sustentable. En la persona integrada a este Cuerpo Laboral y Social que se reproduce colectivamente y se expande a través de los tejidos culturales y de la moda, se potencia la ‘competitividad y la competencia’; del ‘sentido de Cuerpo’ que se ideó al inicio, se pasó al ‘sentido de predominancia’, y eso conlleva a la formación de núcleos de intereses particulares, individualismo desenfrenado, arribismo sin metas precisas; y al entrar en paraísos de burbujas financieras sus componentes se emborracharon de pretensiones de riquezas fáciles, y posibilidad de haberes urgentes, transmitiendo al resto de la sociedad valores mezquinos, materialistas y altamente sesgados. Ya no era necesario saber más de aquello que dará el medio de la abundancia, por lo mismo se deja de lado todo lo superfluo, y de tal manera la generación que nace bajo esta crisis profunda viene vacía de intereses colectivos, carente de universalidad, falto de sensibilidad social. Y, nuevamente, las iglesias no tienen respuestas de fondo.

Las ‘nuevas iglesias cristianas’, sobre todo en los Estado Unidos, no acaso, han logrado record de masividad en corto tiempo gracias a la aplicación estricta del sistema de Corporación y marketing. Sus estructuras son Corporativas y sus modos son de mercado. Dios, las Escrituras, las imágenes, las palabras… sirven como base y sustento corporativo. La norma enseña que una Corporación no se alimenta a sí misma, sino que a otros, y a muchos. Que al entregar un producto que masivamente es usado y apreciado, la Corporación obtendrá retribución y ganancia. Es decir: ‘todos ganamos’. Bajo esta fórmula se ha traducido la idea de que ‘Dios quiere que todos ganemos’. ¿Qué necesidad tienes? El administrador eficiente, aquella batuta que debe hacer funcionar al coro, estará atento a responder a tales demandas. Problemas con los hijos, con los vicios, con la sexualidad, con las inversiones, con la empresa, con el matrimonio… Y en cada uno el buen administrador debe hallar repuestas que citen una Escritura y diga que ‘lo quiere Dios’. Es contraproducente para un sistema de Corporación colocar su propia regla o ley, o producto, sin antes investigar la necesidad de sus potenciales clientes. Las iglesias tradicionales que actúan cuan ‘Instituciones sagradas o válidas’ se han quedado en medio del camino entre el viejo esquema de ‘Dios en la Tierra’ y ‘La Corporación’ del Mundo… son en mucho imitación orgánica de ésta, pero no llegan a desmontar sus anquilosadas estructuras completamente. Y ante las Nuevas Corporaciones cristianas… no hay competencia. Ni siquiera lo es la moda esotérica, que es más una reacción que un movimiento seriamente arraigado.

El resultado de la corrupción y la degeneración en las iglesias tradicionales es efecto de una estructura arcaica, con una intención corporativa moderna de administración. Cuando se colocan administradores medidos por parangones corporativos, bajo ordenaciones medievales, el resultado es que estos administradores (sacerdotes) se encuentran con un enorme poder en sus manos, pues son gerentes sin control de una institución lenta, pesada y encubridora,… y además: que tiene mucho que perder. La ‘rebelión de los administradores’ ahora en Italia reconoce abiertamente que los curas estaban, desde los años 50, organizados al interno de la iglesia católica en Club Gay, y conformaban redes sociales de ‘Amantes contra el celibato’, y esto es noticia de estos días, según publicación del Corriere dela Sera; y tal ‘rebelión de los administradores’ en una Corporación moderna del Mundo no sería posible, porque la degradación de las Corporaciones actualmente va expulsando a sus administradores, y no los retiene; mientras que en una institución de muros rígidos y construcción efímera no se puede dar el lujo de prescindir de sus sacerdotes, cuyo rol no es espiritual o místico, sino que administrativo, pues sin administradores el edificado quedaría vacío.

La crisis Financiera arrastra las economías, y los conglomerados supra-nacionales imponen sus recetas. El modo de recomponer las balanzas no incluye el gasto privado de las grandes corporaciones, como la BP, que por echar a su gerente general, por el desastre del Golfo, desembolsará 14 millones de Euros, sino recortando el gasto público y social. Es decir, se bota al empleado que gana mil Euros y se recompensa al gerente del mayor desastre ecológico con 14 millones de Euros. Con esta misma lógica de conveniencia actúa la iglesia católica ante la corrupción de sus sacerdotes administradores: se exige lealtad y apego al cliente de a píe (creyente) pero no se explica con la doctrina de la fe el mal del cual tratamos… no, eso no se puede hacer… más bien se entregan algunos casos a la justicia ordinaria, y se emanan reglas de comportamiento y fórmulas de acción ante hechos concretos. Mientras que las Corporaciones Cristianas tienen respuestas para todo, incluso para el mundo gay, para el celibato, etc. y eso provoca una estampida católica hacia estas nuevas formas eclesiásticas.

Las iglesias tradicionales van donde vaya el Mundo y su sistema gobernante. Nada, absolutamente nada tiene que ver y hacer Dios en sus asuntos. De otro modo hubiese bastado un caso de pedofilia para provocar en toda esta institución un estado de cavilación, arrepentimiento, perdón y ablución. Eso nunca sucederá con la institución católica: simplemente porque no depende de Dios, sino del Mundo.

La masividad fácil y explosiva de las Corporaciones Cristianas no es más que negocio: toda la lógica del corporativismo y el marketing aplicados a la religión y la utilización manoseada de la palabra de Dios.

¿Cómo, en una sociedad marcada por la influencia corporativa… competitiva, egotista, movida por necesidad de ocupar un rol auto complaciente y adquirir pertenencia institucional que consigne status, cuyos niños son presionados desde la inocencia para que ocupen espacios que sus padres no alcanzaron o no pudieron… Cómo, con la crisis de las instituciones religiosas tradicionales que no se inmutan en su cinismo y altanería… Cómo, ante la masividad de las empresas corporativas de mercado que usan a Dios y responden a las necesidades de sus clientes… Cómo, en una generación imbuida por lo virtual, y vacía de contenidos… Cómo podemos nosotros predicar la locura tan estrafalaria que avisa que Cristo, el Dios de los Hombres, ha hecho descender una avanzada de los suyos, porque está pronto a venir? ¿Cómo podemos, sumergidos en guerras tribales y amenazas nucleares, mostrar un camino de Consagración que obliga a la persona a depender solamente de su disciplina, de su fe y de su Relación Personal con el Cristo Vivo? ¿Cómo decimos al joven de hoy que su futuro no está en lo que gane u tenga, sino en aquello que Él Es en Persona, Él sea en Su Persona?

¿Qué ofrecemos? Nada de este mundo. ¿Nos adaptamos a las necesidades del Hombre? No. Tenemos la Ley de Cristo para el creyente y la Voluntad de Dios. Lo revolucionario hoy es tener la osadía, la valentía, la libertad de plegarse a Dios y desde Dios cambiar el Mundo. A esa revolución estamos llamados.

Estamos conscientes que nos tocó la tarea más difícil que hombre alguno pudiera recibir: no somos una iglesia ni alzaremos una nueva iglesia. No somos una institución pero sí tenemos Un Orden emanado del Cristo Vivo. No somos del mundo pero vivimos en este mundo y por medio de nuestra Consagración obtenemos lo que necesitamos para estar en armonía en esta existencia. ¿Qué ofrecemos entonces? Abrir una puerta al Reino para que tú transites tu camino. ¿Qué pedimos? Honestidad ante Cristo, Verdad ante Cristo. ¿Para qué? Para llegar a conocer la Voluntad del Padre. ¿Por qué ahora? Porque ahora estamos en el Tiempo de Tribulación, y en las Vísperas del Advenimiento del Gran Cambio, el Salto de esta Humanidad…

No podemos competir con el Mundo. No podemos pretender masividad en medio de un Tiempo incierto y confuso. No queremos riquezas, ni pagos. Somos de la Santa Administración, es decir: somos Sacerdotes que respondemos al Altísimo, y sobre los Cuales Cristo entrega Testimonio, sea por Oración, por la Biblia o por cualquier vía que Cristo use para declarar quienes somos.

Esta Santa Administración responde a un Plan, a un Orden y a una realidad espiritual y cósmica. No hay ni institución, ni corporación en este mundo que sea superior y permanente más que el Orden del Reino de Dios. Nosotros somos la Dispensación que ha descendido para avisar que este Tiempo está muriendo… y el Tiempo del Milenio de Paz está por descender.

Esta locura puede ser compartida, teóricamente, por muchos, pero no será una realidad de goce sino hasta que todos y cada uno venga y reciba los Sellos que la Mano de Cristo ha puesto sobre esta Dispensación… no para cosas del Mundo, sino para lo grande de la Vida Verdadera que ya está entre nosotros.

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