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Matrimonio, Familia y Sacerdocio

noviembre 29, 2012

Recomendamos ver ‘Informe Especial’ de TVN Chile ‘Rebeldes en la Iglesia’ –Puede engancharse desde www.dossiergf.wordpress.com)

Puesto este punto sobre rieles religiosos institucionales, cuan derecho humano, o corrección formal que cambie los modos de presentarse y de hacer de una iglesia, el asunto del Matrimonio en el sacerdocio y el Sacerdocio en el matrimonio, no pasa de ser un asunto estructural. Y para llegar a puntos doctrinarios de fondo, espirituales, es decir coherentes, debemos colocar todo aspecto de Fe y de Práctica de Fe sobre fundamentas sólidas, de principios y siempre Espirituales.

Aquello que hoy constatamos en las iglesia católica, en la iglesia anglicana, en la episcopal y en la ortodoxa, así como en variadas nominaciones ligadas a la doctrina católica o cristiana institucional, en cuanto a:  matrimonios entre personas del mismo sexo que son además ordenados sacerdotes; o la ordenación de sacerdotes mujeres por autoridad de obispos mujeres; o sacerdotes católicos casados o con hijos que siguen de algún modo ejerciendo sacerdocio, creando una excepción en la ley eclesiástica que la desmiente; o sacerdotes expulsados del sacerdocio por optar por una esposa y familia; o sacerdotes traumados y en verdaderos procesos de post guerra debido a que la institución les preparó solamente para servirla y no para vivir entre la gente; o sacerdotes que viven el celibato como un sacrificio de muerte diaria, bajo el miedo a la tentación: o sacerdotes bajo una norma interna que les permite sostener encuentros esporádicos con una mujer, e incluso tener hijos, sin renunciar al celibato público y con apoyo de la iglesia para mantener en secreto el sustento de un hijo, por ejemplo…  no hacen sino verificar la gran hipocresía, la mentira y el formalismo cínico y engañoso que mira y tiende a mantener Poder e Influencia cuan Institución del Mundo, en desmedro, y en desprecio, de la verdadera esencia espiritual que Cristo Dios nos induce desde su Reino Vivo. (No un Reino de este Mundo para cosas del Mundo: sino el Reino de Dios para trascendencia espiritual y superioridad de Amor… que es el Hombre Nuevo que postula a poner por designio la Voluntad del Padre Creador)

Tomemos como estadística aquello que se nos muestra en las variadas publicaciones, reportajes y análisis de especialistas. Tengamos en consideración los hechos que atañen a la caída moral de las iglesias del cristianismo tradicional. Miremos a la realidad que cualquier investigación de noticias nos entrega…y concluiremos que la crisis de la gran iglesia, así como fue concebida por siglos, está desgranándose desde adentro.  Sin embargo, en la gran mayoría de quienes hoy sufren sea la separación de su sacerdocio, la expulsión de su consagración, el desencanto y la decepción ante su iglesia, no necesariamente se han liberado de la raíz y causa que les ha conducido hasta su situación actual. Muchos siguen funcionando en torno a lo que fueron, aquello que dejaron, y tratando de llenar lo perdido con lo amado que hoy les sustenta. No hay en la mayoría de los ex curas o en quienes adversan hoy de su institución, una reconversión espiritual, un despertar de la Fe en Cristo planteándose ahora hallar a Dios sin la tutela de sus jefes de conciencia. No hay Camino Espiritual en ellos porque nunca vivieron a Dios en el Espíritu, sino en ‘su institución’. Por lo mismo, el punto en discusión para muchos de ellos gira en torno a: si los curas deben casarse o no, o si la mujer debe ser sacerdote o no, o si el cura debe tener familia o no. Seguimos entregando a la Institución aquel poder omnímodo que define lo santo de lo mundano, y seguimos intentando cambiar a una iglesia que ahora debe democratizarse y ser en su forma, y en su modo, diversa a la actual…sin que nada cambie en realidad.

La decisión de Fe de un sacerdote, consagrado-a, de un creyente activo, de una persona que siente voluntad de resolver su Relación con Cristo, mal podría basarse en la mantención de los sustentos doctrinarios que al final cimentaron el mal de la iglesia del pecado. Es deber de Fe entrar en una reconversión de la Fe desde la Relación con Cristo y teniendo a Cristo cuán conductor personal. Para esto es menester zafarse, liberarse, vaciarse de toda idea e ideología inculcada en el pasado eclesiástico, y desechar la inservible filosofía que adornó la apostasía.

Cristo es Dios, el Verbo, el Alfa y la Omega de la Creación, Uno e Indivisible con el Dios Creador que ES Espíritu (Oren al Padre En Espíritu porque Él Es Espíritu). Cuan Dios encarnó en Cristo, se hizo Hombre, para cambiar la ley de Vida existente hasta entonces debido a los Hechos de la Caída. Jesús es el Cristo que obedece al Plan del Reino que no es de este Mundo. La Salvación, entonces, no es mundana, formal, política, social, cultural o religiosa…sino Espiritual, Humana y de Vida.

La Salvación no subyace en la cruz, ni en la muerte de Jesús, ni en su martirio, sino que la Salvación acontece y se abre en los TRES DIAS en que el Dios Vivo desciende a los Abismos y derrota a las potestades infernales que poseían el Dominio de las Almas, ostentaban el Poder de los Abismos y definían procesos de vida carnal como en una rueda carcelaria que nunca liberaba al Hombre.

Porque el Espíritu de Dios se hallaba encarcelado en el Hombre, y la excepción de los santos que sí vivían a su Espíritu no abría los Cielos, ni éstos ascendían a Nueva Vida, y dormían el Sueño de la Espera. Esta ley de Vida provocada por La Caída no podía ser Cambiada sino por Dios, por el Dios de los Hombres y de los Ángeles, el Elohim Mayor: el Cristo, el Verbo. Y tampoco podía ser transmutada por intervención divina ajena al Hombre, sino que debía ser llevada adelante por Hombre, para los Hombres y Con los Hombres (Género Humano).

 La ‘razón’ de la encarnación también debe asociarse a un pago pendiente: el crimen de Caín sobre Abel ( el cual nunca tuvo pago alguno) y la predominancia del Cainita en un Mundo a su medida. El Pecado del cual habla el Cristo Dios es ése pecado. El Mundo que odia a Dios y tiene por padre a Belcebú, según Cristo, es ese Mundo cainita que tiene en el pueblo hebreo a su esencia y representación. La Conversión del pueblo hebreo equivale a la derrota absoluta de los Cainitas y del modelo de Mundo basado en el dinero, la guerra y la violencia, los deseos y el materialismo que conlleva a rebajar a dios a las cosas de este Mundo.

Los 12 días de martirio y la muerte física de Jesús en la cruz romana, no es un pago por los santos, sino por los cainitas que no habiendo pagado su pecado reciben por Cristo  una Gracia que no merecían, y por lo mismo es ‘Gracia’, a saber: que Jesús debía pagar en su cuerpo y con su sangre el mal de los Cainita para que así también ellos entraran en la Salvación que se abriría en los Tres Días de Victoria. Pasada la amarga copa del sacrificio por el Pecado de los cainitas, el Cristo, ya no en la carne de Jesús, sino en la Gloria y Potestad que siempre fue y que ahora ejerce en plenitud, libera la Gran Batalla por la Nueva Ley de Vida, en los Tres Días que cambiaron el sentido de existir del Hombre.

Despojado el poder infernal de toda potestad sobre la vida de los Hombres, cerrados los abismos, y abierto el Reino de los Cielos, queda aún pendiente un Hecho Fundamental: la Restauración del Espíritu de Dios en el Hombre. El Cristo Resurreccionado, no resucitado…Resurreccionado… lleva adelante el Plan de Restauración por 40 días: visita a su otro redil, instaura el Sacerdocio según la línea perpetua de Melquisedec, revela a Los Suyos el Plan de la Segunda Venida… y avisa que debe ascender para que descienda el Espíritu Santo que restaurará, enseñará y ejercerá magisterio sobre todo Hombre de Fe. Desde la manifestación del Espíritu Santo TODO SER, todo Hombre, varón o mujer, Hebreo o Chino, ignorante de Cristo o consciente de éste, queda bajo una Ley Nueva: y Cristo Dios es esa Ley de Vida. Las instancias variadas de Gloria y de Vida que superan la muerte y aseguran que cada Ser recibirá el efecto de sus causas, la cosecha de su siembra y la medida de su propia vara…es la esencia de una Salvación que pone al Hombre como a su propio liberador, y a Cristo cuan único Conductor.

Si esta Doctrina, que podemos verificar con Espíritu en los Evangelios, se halla a la base de la Fe que nos mueve, entonces desecharemos la teología fraudulenta del martirio personal para ser salvos, la teoría de la culpa necesaria para acudir a Dios,  y el pecado perenne como condición que nos ata y encarcela. Desde Cristo, dice Pablo, no nacemos en pecado, sino que nos hacemos a éste. Y es Pablo el que zanja el asunto del antiguo sacerdocio cuan copia que debe imitarse en el Nuevo Sacerdocio de Cristo: por el bautismo en Cristo todos somos sacerdotes, y por la Unción, consagración, de nuestro bautismo somos Sacerdotes en la línea perpetua de Melquisedec, y Cristo mismo es Nuestro Sumo Sacerdote.

Esta Doctrina es contraria a la apostasía institucional de la cual muchos sacerdotes y consagradas hoy escapan;  ser escupidos por la apostasía institucional que niega a Cristo Dios en el nombre de un Jesús histórico que debe someterse a la interpretación de los exegetas y teólogos, es casi un privilegio, nunca un drama, sino una excelente oportunidad de encontrar de nuevo al Cristo Vivo.

Pedro advierte sobre la apostasía: negarán el matrimonio.  Y para entender el valor del matrimonio en la vida sacerdotal, debemos volver a la raíz espiritual tanto del matrimonio como del sacerdocio. Sin esta claridad entonces el asunto se vuelve una formalidad.

Para que el matrimonio sea un paso más del sacerdocio, y no un hecho contrario, externo, debe volverse a la Doctrina de Salvación: que la Salvación es Espiritual, de Nueva Vida, para que el Hombre, varón y mujer, entren en el Plan de Dios y obtengan Vida Eterna en pos de Poner por Designio la Voluntad del Padre. Es decir: varón y mujer de Fe, ambos consagrados al propósito de Salvación y de Nueva Vida, se unen para ser UNO e IGUALES ante Dios;  y harán de su unidad un Núcleo de Fe y de Consagración a través de su Camino Espiritual personal;  y convendrán  con el Padre engendrar  Hijos e Hijas  de Dios…  por santidad de la mujer y mayordomía del varón.

Este Plan de Vida es simple y vital: Cristo es Dios Salvador de todo Ser, sin distinción. La Consagración de una mujer bautizada en conciencia la hace sacerdote, y su disponibilidad a seguir la Ley de Cristo la eleva en forma natural a la Línea perpetua del Sacerdocio del Altísimo, no para cosas institucionales, o formales, o públicas y externas…sino para elevación Espiritual y Conciencia Viva del Cristo Dios. Nunca ha sido asunto de institucionalidad o seminarios en años de estudio de filosofía…siempre se ha tratado de Espíritu, de espiritualidad, de Camino de Vida en lo espiritual…de Fe hecha Vida Diaria.

Varón en la Fe consagrado a la Ley de Vida del Cristo Dios, con mujer en la Fe consagrada a la Ley de Vida del Cristo Dios…son Matrimonio en el sacerdocio, son Sacerdotes en el matrimonio. Eso es el Matrimonio en el Sacerdocio. Ambos sacerdotes, y ambos en Relación personal con el Cristo Vivo…entonces la mujer conocerá la santidad que Dios concede para que la mujer engendre Hijos e Hijas del  Reino, y el varón sacerdote sabrá el valor de la mayordomía de su paternidad. La familia que Dios nos pide por medio de la Ley de Cristo es un Plan que incluye el portentoso hecho de traer a este Mundo a Hijos e Hijas de gran Poder espiritual preparados para las nuevas tareas que el Reino de Dios tiene y entrega a Los Suyos.

Esta visión espiritual, trascendente, coherente con la Salvación y el Plan de Salvación, falta y no aparece en quienes plantean hoy el asunto del matrimonio en un sacerdocio institucional que es esencialmente apostata.

Nadie deja de ser sacerdote si una vez entregó su Fe y su Vida en la Potestad de Cristo. Deja de ser sacerdote alguien que depositó su fe y su vida en la institución, creyendo en la apostasía que reza que ésta es la representación única de Dios en la Tierra. El matrimonio común, mundano, en donde la mujer sigue excluida y mermada, menospreciada y utilizada, o bien cuan simple compañía sin compromiso de Fe activa  no es solución alguna, no es alternativa, ni es verdad ante Dios.

Intentar cambiar a la iglesia, o mendigar a la institución algún reconocimiento de tipo social, jubilatorio, o de carácter laboral… por el sacerdocio ejercido, o por el daño sufrido…o por el tiempo entregado… es una aberración, una distorsión, una pérdida de tiempo precioso, una distracción malévola, una ilusión inconducente.

Cada creyente, todo consagrado-a, y el sacerdocio institucional  en crisis de Fe debe colocarse ante Cristo, y hallar en la Doctrina de Salvación su respuesta, y debe salir del racionalismo intelectual para entrar en la Meditación con Dios, en la Reflexión Crística y en la Reconversión de su Fe para regresar a lo más nítido y profundo de los Evangelios. Siempre, y ahora más que nunca, lo de Dios ha sido, es y será, un asunto del Espíritu, de la Conciencia y de la propia Opción de Fe. Nunca ha sido cuestión de derechos humanos, de rol social, de institucionalidad… más democrática o vertical,  o de formalidad mundana.

Para que la respuesta de Cristo sea un hecho de Conciencia, el  que busca el Camino hacia el Reino de Dios debe vomitar todo lo que el mundo le inculcó como panacea divina. Nada de lo Humano está sesgado de lo Divino. En todo lo Humano puede haber un Plan de Dios para que el Hombre alcance su Camino Superior. Dios no hace distinción: nos hizo iguales, varón y mujer…  y todo Hombre posee un Espíritu que es Dios viviendo en él:  Hombre, tú eres el Templo.

 

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