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Nuestra actitud ante la muerte

julio 24, 2012

(Documento interno de la Obra de Consagración. Se ha editado para esta versión pública)

“Porque nacemos en Carne que debe perecer, y entramos en el Tiempo que percibimos pero que en realidad no existe, y somos materia en movimiento sin detención…es que morimos; pero poseemos un grado superior de conciencia que no es de la Carne, ni se haya sujeta al Tiempo y trasciende al movimiento, y esta única semejanza a Dios es aquella diferencia que nos hace potencialmente superiores al resto de las especies en nuestra misma situación temporal.

Comprobado está que los núcleos más ínfimos de la vida pueden transformarse, y eso es la muerte de una forma dada, pero al conjugarse en otra dimensión de algún modo sigue vivo el núcleo mutado, mas vibra en otra escala y genera otro modo de vida. Bien sabemos que nosotros somos moléculas y núcleos reunidos en un cuerpo físico, pero estos elementos que nos dan sentido de vida no dependen de la Carne o de la persona, sino que seguirán vibrando y existiendo aún después de que esta horma temporal se agote y perezca. El Camino Espiritual consiste en reunir, condensar, amalgamar los núcleos de vida que nos habitan bajo un gobierno al cual estas células respondan, y este gobierno es el Espíritu. Pues el Espíritu no es el yo, ni es la persona física, ni mental ni emocional…sino es Dios, es la partícula de Dios…es la semejanza de Dios…es la clave de la vida inmortal. El Espíritu no nos pertenece: nosotros pertenecemos al Espíritu.

Meditamos no para otro fin, sino exclusivamente para eliminar gobiernos inferiores que tienden a dominarnos y atormentarnos: la mente artificial, los ánimos y la emocionalidad oscura, el cuerpo y los deseos, el mundo y sus exigencias y encandilamientos. Meditamos para calmar y aquietar lo inferior y permitir que el Espíritu asuma la totalidad de nuestro Ser. Al meditar facilitamos y favorecemos al núcleo de Dios en su acción por influir y transformar a todo el tejido molecular que nos compone. Y si esta es la clave fundamental, entonces no se trata de si nos gusta o no meditar, o  si tal método es más eficiente que otro ritual. Una vez que nuestro Espíritu encuentra su sintonía con la Meditación que actuará cuan detonante, entonces nuestro único deber es Meditar disciplinadamente para que el Espíritu asuma el Gobierno. Y si el Dios Vivo nos enseña las Llaves de la Meditación para que todo Espíritu que acepte el compromiso Bautismal obtenga la superioridad espiritual por medio de una Meditación dirigida y Sellada por Su Mano y Poder…entonces deber de Voluntad y Obediencia es aplicar esta Meditación. Ahora pregúntese quién lee: ¿He sido Obediente y he tenido Voluntad para Meditar, consciente de que en la aplicación de esta clave seré Transformado y bien preparado para el Salto que llamamos ‘muerte’?

El Hombre común tiene visión lineal de la vida y de los fenómenos de la Creación; mide la vida en hechos históricos y los coloca en línea entre el pasado y el futuro: tiempo, fechas, antes, ahora y después. Así, habla del Hecho Cristico como si éste hubiese sucedido hace dos mil años, cuando en realidad está sucediendo cada día, y es por eso que cada día tenemos la posibilidad de alcanzar su Verdad y Revelación. Se intenta ubicar el tiempo de la Creación: los bíblicos han dado muchas fechas, todas destronadas por el avance de la ciencia; y la ciencia lanza probabilidades de fechas que bordean los cuatrocientos millones de años. Pero el Día Inicial sigue sucediendo hoy, y nosotros somos producto de este empuje inicial: de otro modo jamás podríamos alcanzar al Padre. Porque el Padre no es un Ser, sino Espíritu;  y la explosión creadora de este Espíritu es la responsable de nuestra Conciencia y de nuestra Trascendencia; porque nuestros Espíritus son las partículas de Dios al momento de su Creación. El rol de Cristo se equipara a la Índole de La Madre: ordenar, reunir, conglomerar y elevar a los ‘hijos del Padre’…y los ‘hijos’ son los núcleos espirituales desprendidos de la matriz Paterna. Y si estos núcleos se hallaban encarcelados en un mundo de tinieblas y en cuerpos atados a ruedas cíclicas que coartaban su unidad con el Padre…entonces el Dios Cristo desciende para ejercer la liberación de esos ‘hijos’ enclaustrados. No a ‘humanos’ vino a liberar el Cristo Dios, sino a Espíritus en capacidad de habitar a los humanos. Por eso es que el Camino Crístico no puede ser una religión, sino que es y siempre  ha sido un Camino Espiritual.

Tener esta verdad en nosotros, y no activarla, o canalizar nuestra Voluntad hacia el conocimiento sin Sabiduría, o fomentar la creencia en autoridades menores (espíritus, extra-terrestres- energías genéricas, etc.) habiendo recibido el Sello Bautismal que nos permite acceder rápidamente a la Transformación divina…es un acto de Apostasía que tendrá efectos desastrosos en los núcleos y moléculas que nos habitan, causando un dolor que no es de este mundo ni es carnal. No es ‘castigo’: es efecto de haber recibido un Orden superior y haberlo transado por un orden inferior.

Cuando el Sacerdote entrega el Sello de Fuego sobre el bautizado, se produce una alteración radical en la composición molecular del Cuerpo Físico, Mental y Anímico. Equivale a un cambio de amperaje en el equipo eléctrico: y si luego no trabajamos con ése amperaje, sino con otros menores…provocamos una saturación y cortos circuitos en nuestro Cuerpo. Cuando nos resistimos, cuando luchamos en contra de la realidad nueva que entra sin control del ego a nuestras vidas, y cuando bloqueamos el proceso simplemente no meditando, no orando y nunca Retirándonos para más y mejor Meditar y Orar…entonces nuestro mundo celular se descompone, y enfermamos, o atraemos lo oscuro hacia nuestras vidas. Este es el Orden que Cristo entiende: que una vez recibido un Nuevo Orden en el Bautismo, la persona debe ejecutar esa transformación por Voluntad y Obediencia. En otras palabras: Purificarse cada siete días, Arrepentirse, Perdonar; dar Testimonio, entrar en Ofrenda…no son, nunca serán, actos formales o religiosos, sino Claves de Transformación que unifican el entero sistema que nos habita en aras de un Nuevo Ser. Y al ‘morir’ es este  Nuevo Ser el que VIVE. O sea: nos lamentamos por el muerto que ya no sirve, pero no nos regocijamos en el Nuevo Ser que sirve a Dios. El único lamento de Dios-  y debiera ser el nuestro – debiera ser aquel que nos provoca el hecho triste de que un Consagrado muera en la Carne sin haber cumplido con su Salto…y al decir Salto digo Meditación, Oración Purificación, Testimonio y Ofrenda…para empezar, como mínimo. No hay Salto en la muerte sin antes morir del todo y sin antes entrar en la Vida por medio de la Entrega. Y la Entrega es gradual, y se afirma en el Camino de Consagración, que es Camino Espiritual. Creer que la muerte es el Salto es como pensar que el trueno es el inicio de una tormenta. La preparación previa del trueno requiere una serie de factores plenamente armoniosos…de otra forma nunca habrá trueno. Lo mismo sucede con el Salto: es como el trueno…corto, preciso y fulminante…como un rayo en el cielo… pero su génesis es compleja y precisa. Es decir: nadie salta al morir sin antes engendrar las condiciones del Salto. Y aquello que Cristo, el Dios de la Vida, nos enseña e induce es precisamente el engendro de este Salto. Tal es el Camino de Consagración.

Ahora, si seguimos inmersos en la cultura cristiana nunca llegaremos a la Verdad de Dios. Para alcanzar al Padre debemos consolidar nuestra Relación Espiritual y Personal con el Cristo Vivo. Y es el Cristo Vivo quién ya nos señaló su Orden y su Itinerario… que nosotros debemos aplicar y seguir con Voluntad y Obediencia.

El Padre, al Crear en (con) su explosión de Luz y de Vida,  vibra en su inmensidad sin detención. La idea humana y temporal de que la Vida Inicial se detiene, y que el Padre ‘descansó’ en el día séptimo, y por ende ya nada más creó… es una concepción Cainita manipulada en las escrituras Judías, que la apostasía de las iglesias retomaron textual para propios propósitos. El Padre es Espíritu…nunca ‘descansa’. Su Creación es infinita, por ende sin detención ni límites. La escritura original de Génesis dice que el Padre creó al Hombre y los Mundos en Nueve Tiempos, y al Noveno ‘descansó’ (comentarios de La Biblia de Jerusalén) Nueve es el número del Hombre Adámico: Dios ‘reposa’ en el Hombre. El Espíritu de Dios ‘descansa’ en el Hombre. De otro modo: Dios se hizo Hombre sin dejar de ser Dios.

Bajo la misma idea unilateral y lineal del humano, los Arcontes (los señores de la ilusión) soplaron la falsa idea de que la Creación es lo que vemos, tocamos y podemos investigar. Pero la verdad es que la Creación de Dios es y será siempre ordenada en cuatro dimensiones, o armoniosas en cuatro vibraciones. Tres son Crísticas, y una es oscura. El Hombre logra captar al máximo dos, y todo lo Temporal de nuestra realidad se mueve por el Binario positivo y negativo posible de captar y de controlar de algún modo. Esto quiere decir que el Hombre puede conocer, auscultar y extraer lo Temporal, lo Físico y lo Cósmico hasta en sus vertientes más recónditas e invisibles… y a eso se llama Ciencia. En tanto el Hombre Espiritual puede vivir… vivir lo Temporal, lo Físico y lo Cósmico en su vibración particular y extraer de sus linfas la unidad que esta Dimensión alcanzable posee con la anti-materia, con la Realidad Macro. Se entiende por Hombre Superior aquella Estirpe que logra la Ciencia mediante la vida Espiritual, que por vivencia Espiritual alcanza el gobierno de la materia en su realidad intangible. Eso que lograron nuestros ancestros: manejar la piedra sin peso de gravedad, amalgamar la piedra con energía atómica, volar con elementos básicos transformados por energía corporal… Y mucho más. Hoy la Ciencia puede llegar muy lejos, pero al final separará al Hombre de sus resultados, y su creación científica se volverá en contra del Hombre. Tal es la diferencia entre Sabiduría (Ciencia alcanzada por el Espíritu) y Conocimiento (Ciencia alcanzada por la mente y convertida en destructora del Hombre)

Nuestro Espíritu no se halla ‘todo’ ‘plenamente’ en nosotros: el núcleo que nos habita sigue en vibración y movimiento con el núcleo recíproco en el Macro. El núcleo que nos vive sigue vibrando de acuerdo vibra y se mueve el mismo componente en el Macro. Este otro núcleo hace parte del mismo núcleo que nos habita, y también está vibrando en un Cuerpo, un anti-yo, o el ‘otro yo’. Y según la Creación del Padre: hay cuatro núcleos iguales vibrando y moviéndose al unísono, cambiando y potenciándose, afectándose, de acuerdo a los movimientos de cada núcleo en cada una de las cuatro dimensiones…y cuatro Cuerpos. Imaginemos una guitarra de cuatro cuerdas: las dos del medio son las dimensiones ‘captables’ por nosotros. A este tipo de Mundo vienen los seres que se mueven y vibran en la segunda cuerda, de abajo hacia arriba. Nuestro Macro y Yo Superior se halla en la tercera cuerda. Abajo, en la primera cuerda está el yo-oscuro y el núcleo espiritual está aprisionado, esclavizado, enclaustrado. Arriba, la cuerda más gruesa. Ahora, en la primera cuerda (de abajo) seguramente se está viviendo un Tiempo antes de Cristo, y allí no ha habido liberación. Y la cuerda Mayor, de arriba, puede que no esté vibrando con las otras y nunca haya sido tocada. Eso quiere decir que el Hombre común vibra en una sola cuerda, y puede tender a vibrar con la cuerda inferior. Mientras que el Hombre Espiritual vibra con la cuerda superior inmediata, la tercera, y tiene por objeto armonizarse con la cuarta de arriba, y así también tocar a la primera inferior y lograr una nota armoniosa, agradable y hermosa.

La muerte no es un viaje a algún lado, sino un Salto. Sigamos con las cuerdas: si la segunda cuerda se corta (muerte) entonces los núcleos vibran con la tercera, o con la de abajo, pero esta guitarra nunca deja de sonar; cuando la cuerda rota se recompone (nacimiento) se vuelve al ciclo cuaternario. Siempre se cortará una sola cuerda (morirá uno de los cuatro) y es la Tridimensión la base de la existencia, mientras la dimensión de cuatro es clave de Trascendencia.  Si uno vibra solamente en la segunda, y de vez en vez baila con la de abajo, seguramente provocaremos una  ruptura total del instrumento: cuando los núcleos no cumplen con el Plan de Creación, son disueltos. La Disolución es potestad del Padre, que auto-elimina núcleos espirituales que demuestran ser contrarios o malévolos.

Nosotros, los Consagrados, con el Sello Bautismal, hemos abierto el Cielo sobre nosotros: vibramos con la tercera cuerda de arriba, y podemos lograr vivir y vibrar plenamente en esta tercera, justo debajo de la Mayor, y con eso arrastramos a la inferior hacia nuestro campo de luz. Al morir, saltamos a la Cuarta, a la Superior, a la Mayor. Esto significa: ‘la muerte no existe’ ‘la muerte ha sido vencida’ ‘no tendrán muerte’.

Cuando se nos enseña que el Orden de Cristo es espiritual y éste asegura la vida inmortal y la plena armonía con el Plan de Dios… no se dice nada distinto a esto que aquí se aclara. Cuando se nos enseña que en la Obediencia en la aplicación Espiritual de este Orden se halla la forma de superar al yo del ego y alcanzar al Yo Superior, estamos hablando de un Yo que ya existe, y con el cual debemos unirnos y hacernos UNO. Y cuando se nos advierte que podemos caer, se nos está señalando que aún existe un Yo inferior que está en calabozo y clama por ser liberado.

Si MEDITAN esto que aquí se revela, verán que ustedes aún se hallaban en esa visión mentirosa que nos ilusiona con una vida lineal, sujeta al Tiempo y al yo único de la Carne y de las emociones que conocemos.

Mediten y Disciernan este contenido, y sabrán que la muerte no existe, sino el Salto, y que no está garantizado hacia dónde saltaremos: si hacia arriba, si hacia abajo o rebotaremos en el mismo lugar. La seguridad se adquiere en la práctica del Orden Espiritual que Cristo nos entrega.

Entiendan y asuman ahora que Meditación, Oración y todo el Camino de Consagración no es una opción, sino obligación de Conciencia; y eso de que “aún sin aplicar el Orden…igual llegaremos a una Gloria por lo bueno realizado” en una falacia del yo inferior que les llama a descender.  Quizás ahora entiendan a Nuestro Cristo Justo: ‘no todo el que venga y diga…señor, en tu nombre sané e hice maravillas…porque Yo les diré: atrás hacedores de maldad; solamente quién ponga por Obra el designio del Padre entrará al Reino’

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