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ENFRENTAR LA MUERTE

agosto 11, 2011

Aún bajo una extendida cultura religiosa en el mundo,  y la predominancia de la cristiandad entre nosotros, la muerte sigue siendo en los Hombres un tema tabú, o un drama terminal que se enfrenta con dolor, o un hecho que se prolonga con reminiscencias plasmadas en lápidas,  y culto de cementerio, en  ‘animitas’ instalas en los lugares donde el difunto pasó su último minuto, y sobre todo en la insistencia de mantener el cuerpo (huesos) en un lugar estable con la abierta o secreta esperanza de que éstos sirvan, al final de los tiempos, para que el ser amado resucite retomando sus restos. Es normal visitar los cementerios ‘para hablar’ con quién fuere  una persona querida, como si ésta permaneciera para siempre en el lugar de su sepultura. En los aniversarios del fallecimiento, como era en los cumpleaños en vida, ahora se ‘celebra’ al muerto con homenajes y actos recordatorios.  Estas ‘costumbres’ son avaladas por las iglesias y religiones, aunque vayan en contra de sus propias doctrinas, y suelen acompañar las mismas con sendas misas y posteriores bendiciones…como si el muerto no acabase nunca de morir.

Ya el Buda toma este asunto de frente y lo aborda en sus prácticas espirituales. Pero es con Cristo que este punto entra  por claves trascendentes y de ruptura que no siempre se tienen en consideración, aún declarándose ‘cristianos’. 

La Ley de Vida antes de Cristo condicionaba al Hombre a la Rueda del Eterno Retorno; es decir, la muerte yacía  bajo el Poder de las Tinieblas, no de la Luz, y por los Abismos las Almas pasaban por la muerte para entrar en un largo periplo de Olvido y luego retomar Cuerpo Carnal con la misma deuda anterior. Era una cárcel.  Los Cielos estaban cerrados. Los santos no caían al Abismo sino que quedaban suspendidos en el ‘Sueño de la Espera’.  Al morir, los Hombres enfrentaban a los demonios: los propios y los dominantes.  El Hombre no tenía liberación de la mácula del pecado, y en vida Carnal debía hacer constantes sacrificios para alcanzar algún grado de purificación. A esta Ley de Vida se  le conoció- e identifica- como ‘el Tiempo de la Caída’. Costumbre de tales épocas era la de guardar los huesos  con la esperanza de la Resucitación prometida al Final de los Tiempos. Y debido a que la interpretación sacerdotal de los rabinos era que el Mesías ‘esperado’ no traía Salvación de la muerte, sino que salvación política, no podían entender entonces que todo el sistema religioso por ellos asentado y defendido se vería estremecido por un tipo de Salvador y de Salvación que tocaría, precisamente, esta Ley de Vida.

Esta incomprensión rabínica se traslada posteriormente al cristianismo del siglo tercero y cuarto;  y desde entonces se trasvasija el sistema sacerdotal antiguo al tipo de sacerdocio de la cristiandad que ha perdurado hasta hoy.  Esto explica porque se sigue la cultura popular de mantener a los muertos cuan seres vivos a través de fetiches y cultos, sin tomar en consideración la Nueva Ley de Vida que Cristo zanja en los Tres Días que marcan el hito de la Salvación.

Cristo, el Verbo Dios, desciende hasta el centro del Poder infernal, en los Tres Días después de la muerte de Jesús  en la cruz, y arrebata de las fauces luciferinas las Llaves de la muerte, y expulsa a las potestades tenebrosas de Los Abismos y procede a cerrarlos cuan Ley de Eterno Retorno;  abre la Ley de Resurrección con el primer acto de Vida: el despertar de los Santos y su Ascenso al Reino de los Cielos; abre el Reino de los Cielos y ordena las diversas Instancias del Padre para que éstas reciban ahora a los Hombres medidos según sus Obras y Frutos; define ‘estados de Glorias’ según la Ley de Inmortalidad, y asume en Primera Persona la Conducción Salvadora de todo Hombre de Fe. En esto consiste ‘La Salvación’. Nada se salva y eleva en la cruz, en el martirio y la tortura de Jesús. En los doce terribles  días de sangre y venganza Jesús ‘paga por el pecado de Caín’, el cual jamás canceló su deuda criminal en contra del Santo Abel. La muerte en la cruz fue un pago por quién nunca pagó. Los Tres Días de los Hechos de Salvación es la Nueva Ley que Cristo Dios nos entrega a todos…La Salvación entonces está en la derrota y superación de la muerte y en la Nueva Vida que todo Ser obtiene bajo la Ley de Resurrección. Esa es la ‘Buena Nueva’.  Desde estos Tres Días todo Ser Humano, crea o no, será medido según sus Obras, su Fe y sus Frutos sembrados en su existencia en este mundo. Y de acuerdo a esta Nueva Ley la cuestión que se coloca ante el Hombre es: ¿Qué tipo de siembra, de vida, de obra se ha de hacer para obtener una Gloria Digna ante Cristo, el Dios de los Cielos? Y la respuesta nos la da el mismo Cristo: ‘todo aquel que haga la Voluntad del Padre…entrará al Reino’ ¿podría el Ser Humano discernir la Voluntad del Creador en sí mismo sin la plataforma de Salvación? Obviamente no. Y es esta Salvación la que nos alza hacia la altura que nos permitirá conocer tal Magna Voluntad Suprema.

¿Por qué seguimos engrillados a formas comunes y folklóricas de ver y enfrentar la muerte…y pastores y sacerdotes de la cristiandad prosiguen con el discurso que seremos ‘despertados’  el último día, cuando venga el Juicio Final? La razón descansa en una trampa de oso que un día los atrapó y nunca más supieron cómo salir: al declarar ‘Toda la Biblia’ como  ’Palabra Única de Dios’… fusionaron, de hecho, Dos Leyes, Dos Tiempos y Dos Estados de Vida. Por ende, yuxtapusieron realidades que por eventos y Hechos nunca debieran conjugarse en manera desordenada, sino que es posible entender en modo escalonado, en donde la Antigua Ley es superada  por la Nueva Ley, no desmentida… sino  prevalecida la Nueva sobre la Antigua en su esencia y por su  proyección espiritual.

La muerte,  bajo los Libros escritos por los sacerdotes rabínicos (no por la Mano de Dios, sino por la pluma de los sacerdotes, bajo inspiración espiritual, puede ser, pero siempre teniendo en consideración su realidad e intereses religiosos)  era, y sigue siendo, un asunto no resuelto. Por mucho las escrituras que se nos quieren presentar como sagradas y divinas en verdad son escritos manejados e instalados por hombres: por ejemplo, leemos en varios textos de exegetas y eruditos (La explicación de la Biblia de Jerusalén, por ejemplo)que originalmente los Días en que Dios Creó al Mundo fueron  8 y no siete, pero para hacer cuadrar el Sábado judío con el Descanso de Dios se insertaron los hechos en el tercer y sexto día, acortando ‘La creación a siete’; o el párrafo de Génesis  14 ‘La Campaña de los cuatro grandes reyes’, el cuál fue insertado muy posteriormente y a todas luces nunca pudo suceder pues habla de reyes que  existieron en épocas diversas y reinados que geográficamente jamás se relacionaron.  La comparación de la Biblia rabínica con la Biblia de Samaria (de los Samaritanos) coloca muchas interrogantes sobre la interpretación que los sacerdotes escribas fueron insertando en las escrituras, empujados por situaciones políticas y causas traumáticas como la esclavitud y la diáspora. Bastante se ha discutido al interno de los expertos sobre la correcta correlación de las genealogías, pues a partir de la manipulación de éstas se puede deducir hoy que los hijos desechados de Dios serían los árabes actuales, y los elegidos son los hebreos de hoy. Tal es así, que los ortodoxos rabínicos contemporáneos  basan su supremacía y su guerra en contra de sus hermanos árabes sustentados justamente en estas interpretaciones  bíblicas…que no son de Dios, sino de los hombres religiosos.

La muerte en los textos rabínicos judíos aceptados por los jerarcas cristianos del siglo cuarto como  ´La Biblia’ (única junto a los textos ‘no-herejes’-por ellos separados y elegidos) siguen insistiendo que el Hombre está en pecado y que la muerte es una consecuencia de éste, y no habrá vida nuevamente hasta que venga el Día del Juicio Final, en donde de los huesoso se retomará nuevo cuerpo.

Cristo nos proclama, de Hecho y de Palabra, otra Ley, que supera la anterior: que el Hombre ya no nace en pecado sino que se hace al pecado (La Gracia) y que todo pecado es borrado por la Entrega a Cristo cuan Conductor y Salvador Personal; que el Perdón y el Arrepentimiento purifican al Hombre de sus yerros; que esta condición deja al Ser Humano en grado de alcanzar la Voluntad del Padre y así poner por Obra Su designio. Por ende, en la muerte el Hombre adquiere otra vida (Ley de Resurrección) y será según sus Obras y su Fruto la medida de su ‘Gloria’; la santidad, por lo mismo, es aquella que a través de la Conducción de Cristo culmina directamente en  la Voluntad del Padre…  y la Obra del Hombre se manifiesta entre los suyos y ante el Mundo.

Desde la Nueva Ley de Vida…NADIE MUERE, sino que  el Hombre pasa de Vida Carnal a algún tipo de vida espiritual, consciente y concreta. Y es esta realidad la que nos pone el asunto crucial: ¿qué obra poner por fruto de nuestra vida para obtener así una gloria alta y digna? Y la respuesta de Cristo es que no bastará que proclames a Dios, sanes enfermos en su nombre y muchas cosas hagamos creyendo que lo hacemos bien…solamente haciendo la Voluntad del Padre llegaremos a la cima de nuestra Gloria Espiritual.

Dios no requiere de huesos y nervios bien conservados, o polvo de cementerios para realzar vida nueva. La Vida ya está en Sus Manos, y la muerte es ahora un Umbral bajo custodia y gestión de las huestes celestiales, no infernales. La vida es garantía eterna gracias al Hecho de Cristo en los Tres Días,  y su Conducción permanente cuan Dios de los Hombres y de los Ángeles.

Podemos creer en el Jesús que queramos o inventemos. Podemos burlarnos de los Hombres con teorías rebuscadas,  y plenas de contradicciones. Lo cierto es que Cristo es Dios, no un hombre, sino el Verbo del Creador, y Él revolucionó el Estado de Vida del Hombre para favorecer Su Salvación. Podemos seguir apegados a doctrinas antiguas, o aferrarnos al folklore, o asumir ideas de nueva era según nos apetezca y guste. Lo cierto, porque es Ley, es que desde los Hechos de Victoria de los Tres Días nos hallamos bajo La Gracia, y en la muerte enfrentamos la Ley de Resurrección, y luego seguimos vivos en otro cuerpo y con consciencia…en el lugar que nuestras Opciones nos construyeron.  ¡Cuidado con lo que piensas, haces y decides! Cuida tus Opciones y elige bien tus verdades… porque creas o no, igual serás medido por la Ley que Cristo ha instalado cuan Dios de los Hombres; y hacia dónde irás, y cómo pasarás otras existencias…dependerá de lo que elijas y hagas, pienses y desees…aquí y ahora. Y  has de saber que una Voluntad Original yace en Tu Espíritu: la Voluntad del Creador;  y esa Verdad es la Persona Real, la Verdadera Persona… El Sí Mismo que debes amar. Si llegas a ésta Verdad Interior  y la pones por Obra… entonces verás a Dios y te regocijarás en Su Casa.

 

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